Una práctica suave puede seguir siendo muy completa
- Prioriza la comodidad sobre la profundidad de cada postura.
- Practica entre 15 y 30 minutos, con pausas cuando lo necesites.
- Usa una pared, una silla, cojines o bloques para mejorar el equilibrio y el apoyo.
- Evita el yoga caliente, los saltos, las torsiones cerradas y permanecer mucho tiempo boca arriba.
- Detén la sesión ante sangrado, pérdida de líquido, mareo, dolor torácico o contracciones dolorosas regulares.

Qué puede aportar el yoga en el tercer trimestre
El tercer trimestre suele abarcar desde la semana 28 hasta el parto. En esta etapa son frecuentes el cansancio, la pesadez, el dolor lumbar, la acidez y una menor estabilidad, así que una sesión adecuada no busca mejorar marcas ni ganar flexibilidad a toda costa. Busca que termines **más cómoda y tranquila** de lo que estabas al empezar.
La práctica puede favorecer la movilidad de caderas y columna, reducir la sensación de rigidez y ayudarte a coordinar movimiento y respiración. También ofrece un espacio para observar el suelo pélvico, que es el conjunto de músculos que sostiene la vejiga, el útero y el recto, sin convertir la sesión en un entrenamiento intenso.
Las recomendaciones del ACOG consideran apropiado el yoga modificado en embarazos sin complicaciones, siempre con adaptaciones y autorización del profesional que sigue la gestación. Si no hacías ejercicio antes, empieza con sesiones cortas de **5 a 10 minutos** y aumenta poco a poco, en lugar de incorporarte directamente a una clase exigente.
Posturas que suelen sentar bien
En mi forma de plantear el yoga prenatal, el criterio principal es sencillo: debe quedar espacio para el abdomen, la respiración debe fluir y nunca tienes que luchar para mantener el equilibrio. Estas posturas suelen ser útiles, aunque todas necesitan ajustes individuales.
| Postura | Cómo adaptarla | Para qué puede servir |
|---|---|---|
| Gato-vaca | Apoya las manos bajo los hombros y separa las rodillas para dejar sitio al abdomen. | Moviliza la columna y puede aliviar la tensión lumbar. |
| Postura del niño amplia | Separa mucho las rodillas y apoya el torso sobre cojines si lo necesitas. | Invita al descanso sin comprimir el vientre. |
| Malasana con apoyo | Coloca un bloque o cojín bajo la pelvis y mantén la espalda cerca de una pared. | Favorece la movilidad de caderas y tobillos. |
| Guerrero II | Haz una base más corta y utiliza una silla si notas inestabilidad. | Fortalece suavemente las piernas y mejora la sensación de firmeza. |
| Flexión hacia delante sentada | Abre las piernas y lleva el torso solo hasta donde el abdomen esté libre. | Relaja la espalda sin forzar los isquiotibiales. |
| Descanso lateral | Túmbate de lado con un cojín entre las rodillas y otro bajo el abdomen. | Permite descansar y cerrar la práctica con comodidad. |
La postura de cuclillas puede ser agradable para algunas mujeres y poco cómoda para otras, especialmente si hay presión pélvica, dolor de pubis o molestias en las rodillas. No la considero obligatoria para preparar el parto. **La movilidad sin dolor** es más importante que conseguir una forma concreta.
Una secuencia sencilla de 15 a 20 minutos
Esta propuesta está pensada para un embarazo sin complicaciones y para hacerla en una habitación fresca, con una silla cerca. Respira de forma natural, sin retenciones, y utiliza el llamado test del habla: si puedes mantener una conversación, la intensidad probablemente sea moderada.- Respiración sentada durante 2 minutos. Siéntate sobre un cojín, con la espalda apoyada si lo necesitas. Inspira por la nariz y alarga la exhalación sin empujar el abdomen.
- Movilidad de hombros y cuello durante 2 minutos. Haz círculos pequeños con los hombros y gira la cabeza con suavidad. Evita llevarla bruscamente hacia atrás.
- Gato-vaca durante 2 o 3 minutos. Mueve la columna al ritmo de la respiración. Mantén los codos suaves y no hundas la zona lumbar.
- Postura de descanso amplia durante 2 minutos. Lleva las caderas hacia atrás solo hasta donde resulte cómodo y descansa el pecho sobre cojines.
- Guerrero II y variante lateral durante 3 minutos por lado. Mantén la rodilla delantera alineada con el tobillo y no bajes más de lo que puedas controlar.
- Balanceo pélvico de pie durante 2 minutos. Apóyate en una pared o silla y realiza movimientos pequeños hacia delante y hacia atrás.
- Relajación lateral durante 3 a 5 minutos. Coloca cojines para que el abdomen y las piernas estén sostenidos. Si aparece mareo o falta de aire, cambia de posición.
En las últimas semanas puede que una sesión de 20 minutos sea demasiado. En ese caso, divide la práctica en **dos bloques de 8 o 10 minutos**. Yo suelo preferir esta opción cuando hay mucha fatiga, porque mantiene el movimiento sin convertirlo en otra obligación del día.
Cómo adaptar la práctica a tu experiencia
Si ya practicabas yoga
Puedes conservar parte de tu rutina, pero reduce la amplitud y elimina las posturas que compriman el abdomen o exijan un equilibrio difícil. Las hormonas del embarazo vuelven los ligamentos más laxos, por lo que buscar una apertura máxima puede aumentar el riesgo de molestias en pelvis, caderas o rodillas.
También conviene sustituir las transiciones rápidas por movimientos lentos. Para levantarte del suelo, gira primero hacia un lado y utiliza las manos, en lugar de incorporarte directamente desde una posición tumbada.
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Si empiezas ahora
Elige una clase de **yoga prenatal específico**, preferiblemente dirigida por alguien formado en embarazo y suelo pélvico. Una clase general de yoga restaurativo puede ser adecuada, pero no siempre incluye las modificaciones necesarias para el tercer trimestre.
Empieza con una frecuencia de **2 o 3 sesiones semanales** y deja que caminar, nadar o hacer movilidad suave completen tu actividad. La recomendación general de actividad moderada durante el embarazo puede acercarse a 150 minutos semanales, pero no necesitas alcanzar esa cifra únicamente mediante yoga ni debes forzarte si tu equipo médico ha indicado otra pauta.Qué conviene evitar y cuándo detenerse
En esta etapa evitaría las inversiones, los saltos, las transiciones aceleradas y las torsiones profundas. También dejaría fuera las posturas boca abajo, las flexiones cerradas que presionan el abdomen y las sesiones de **hot yoga**, ya que el calor y la deshidratación añaden un riesgo innecesario.
El ejercicio tumbada boca arriba durante periodos prolongados puede provocar malestar porque el útero ejerce presión sobre vasos sanguíneos importantes. Si una postura supina te resulta cómoda durante unos instantes, no significa que debas mantenerla varios minutos. Cambia a una posición lateral o inclinada cuando lo necesites.
Detén la práctica y contacta con tu matrona, obstetra o servicio sanitario si aparece **sangrado vaginal, pérdida de líquido, dolor abdominal intenso, contracciones regulares y dolorosas, mareo, falta de aire antes de empezar, dolor en el pecho, dolor o hinchazón en una pantorrilla o debilidad que afecte al equilibrio**.
También pediría indicaciones individualizadas antes de practicar si existe placenta previa, riesgo de parto prematuro, hipertensión, preeclampsia, sangrado, incompetencia cervical u otra complicación. En estos casos, la cuestión no es encontrar una postura “permitida” en internet, sino saber qué nivel de actividad es apropiado para ti.
Pequeños detalles que cambian toda la sesión
Practica sobre una superficie estable y deja espacio suficiente alrededor. Una silla firme, dos bloques y varios cojines suelen ser más útiles que cualquier accesorio específico. Mantén agua cerca y evita hacerlo en una habitación demasiado caliente, sobre todo si notas dolor de cabeza, palpitaciones o cansancio poco habitual.
No midas el éxito por cuánto estiras ni por cuánto tiempo aguantas. En el tercer trimestre, una buena sesión puede consistir simplemente en **respirar mejor, mover la espalda y descansar sin molestias**. Esa mirada más amable suele ser mucho más provechosa que intentar reproducir las posturas de una profesora que no está atravesando tu embarazo.
El yoga prenatal puede acompañarte hasta el final de la gestación si se adapta de forma continua a tus síntomas, tu energía y las indicaciones médicas. Escuchar el cuerpo no significa abandonar toda actividad, sino ajustar la práctica con honestidad y dejar que la comodidad marque el ritmo.