Origen del yoga - historia y evolución de una práctica viva

Lara Cabrera

Lara Cabrera

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7 de julio de 2026

Mujer en postura de puente, con una pierna elevada, evocando el origen del yoga. Texto: "QUÉ ES EL YOGA".

Cuando una práctica se vuelve tan popular como el yoga, es fácil olvidar que detrás de cada postura hay una historia mucho más amplia. El origen del yoga se encuentra en las tradiciones espirituales de la India y combina meditación, disciplina, ética y reflexión sobre la mente. Conocer ese recorrido ayuda a practicarlo con más sentido y a distinguir la tradición filosófica de la versión postural que hoy encontramos en muchos estudios.

La historia del yoga explica por qué es mucho más que ejercicio físico

  • No existe una fecha única de nacimiento, sino una evolución de varios siglos.
  • Sus primeras raíces aparecen en la cultura védica y en las Upaniṣads.
  • La Bhagavad Gītā presentó distintos caminos yóguicos relacionados con la acción, el conocimiento y la devoción.
  • Patañjali sistematizó enseñanzas anteriores en los Yoga Sūtra.
  • El yoga moderno centrado en las posturas es una adaptación relativamente reciente de una tradición mucho más extensa.

El yoga no nació en un solo momento

La respuesta más honesta es que el yoga no tiene un fundador único ni una fecha exacta de creación. Se formó poco a poco a partir de prácticas ascéticas, técnicas de respiración, concentración y búsqueda espiritual desarrolladas en distintas comunidades de la India.

La palabra procede de la raíz sánscrita yuj, relacionada con ideas como unir, sujetar o disciplinar. Por eso el término puede referirse tanto a un método como a un estado interior. No significa únicamente unir el cuerpo y la mente, una interpretación popular en Occidente, sino también aprender a dirigir la atención y reducir la dispersión mental.

A veces se afirma que unas figuras sentadas encontradas en sellos de la civilización del valle del Indo, datados aproximadamente entre 3000 y 1500 antes de nuestra era, demuestran la existencia del yoga. Yo prefiero expresarlo con cautela. Esas imágenes pueden sugerir prácticas rituales o meditativas, pero no permiten identificar con seguridad una tradición yóguica tal como la conocemos hoy.

Lo que sí podemos seguir con mayor claridad son las referencias literarias que aparecen en los textos védicos y, más tarde, en las Upaniṣads. Allí comienza a perfilarse una idea decisiva: el ser humano puede transformar su experiencia mediante la atención, el autocontrol y el conocimiento interior.

De los Vedas a las Upaniṣads

Los Vedas son un conjunto de textos religiosos compuestos y transmitidos oralmente durante un largo periodo, aproximadamente desde el segundo milenio antes de nuestra era. En ellos encontramos referencias a figuras ascéticas y a prácticas vinculadas con el control de la respiración, la concentración y la disciplina ritual, aunque todavía no aparece un sistema de yoga organizado.

El cambio importante llega con las Upaniṣads, redactadas entre los siglos VIII y V antes de nuestra era. Estos textos desplazan parte de la atención desde el ritual externo hacia la pregunta por la conciencia, el sufrimiento y la identidad profunda de la persona.

La búsqueda de la liberación

En este contexto, el yoga se entiende como una vía para superar la confusión y liberarse del sufrimiento. La meta no era ganar flexibilidad ni conseguir una postura estética, sino reconocer una dimensión de la realidad que quedaba oculta por los deseos, los hábitos y la actividad constante de la mente.

La Kaṭha Upaniṣad, por ejemplo, relaciona el yoga con la firme sujeción de los sentidos. La imagen resulta muy actual: cuando la atención salta continuamente de una preocupación a otra, la persona pierde dirección. El entrenamiento yóguico comienza precisamente al recuperar esa capacidad de permanecer presente.

También en esta etapa aparecen conceptos que seguirán siendo centrales, como ātman, la conciencia o sí mismo profundo, y brahman, la realidad absoluta. Las distintas escuelas indias interpretaron estos términos de maneras diferentes, por lo que no conviene hablar de una única filosofía del yoga.

La Bhagavad Gītā amplió los caminos del yoga

La Bhagavad Gītā, integrada en la gran epopeya Mahābhārata, presenta el yoga como una disciplina aplicable a la vida cotidiana. Su propuesta resulta especialmente interesante porque no limita la práctica a quienes abandonan el mundo para meditar. También incluye a quien trabaja, cuida de su familia y debe tomar decisiones difíciles.

El texto desarrolla varios caminos que después tendrían una enorme influencia:

  • Karma yoga, el camino de la acción realizada sin apego obsesivo a los resultados.
  • Jñāna yoga, basado en el conocimiento y la investigación sobre la realidad.
  • Bhakti yoga, que utiliza la devoción y la entrega como vías de transformación.
  • Dhyāna yoga, centrado en la meditación y la estabilidad de la atención.
Para mí, esta parte de la historia contiene una enseñanza que sigue siendo útil en la vida familiar y profesional. La práctica no tiene por qué separarnos de nuestras responsabilidades. Puede ayudarnos a actuar con más claridad, siempre que no la convirtamos en otra forma de exigencia o rendimiento.

La Gītā también muestra que la palabra yoga ya tenía varios significados en la Antigüedad. Podía describir una técnica de meditación, una actitud ante la acción o una vía espiritual completa. Esa diversidad no es una confusión moderna, sino una característica de la propia tradición.

Qué aportó Patañjali al yoga clásico

Patañjali no inventó el yoga. Su importancia está en que organizó enseñanzas anteriores en una obra breve conocida como los Yoga Sūtra, probablemente compilada entre los siglos II y IV de nuestra era. El texto convirtió un conjunto variado de prácticas en una exposición filosófica coherente.

La definición más conocida describe el yoga como la quietud o regulación de las fluctuaciones de la mente. El objetivo no consiste en dejar la mente en blanco, sino en dejar de identificarnos automáticamente con cada pensamiento, emoción o impulso que aparece.

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Los ocho componentes de la práctica

Patañjali presenta el aṣṭāṅga yoga, que significa yoga de ocho miembros. En este sistema, las posturas son solo una parte del recorrido:

Elemento Sentido principal
Yama Principios éticos para relacionarse con los demás.
Niyama Hábitos y actitudes de cuidado personal.
Āsana Postura estable y adecuada para el cuerpo.
Prāṇāyāma Regulación consciente de la respiración.
Pratyāhāra Retirada de la atención respecto a los estímulos externos.
Dhāraṇā Concentración sostenida en un objeto o punto.
Dhyāna Meditación continua y menos interrumpida.
Samādhi Absorción profunda de la conciencia.

La tabla deja clara una diferencia que suele perderse en las clases actuales. En el sistema clásico, la postura prepara el cuerpo y la atención, pero no constituye el objetivo final. Una sesión de yoga puede ser valiosa aunque no incluya secuencias exigentes, si favorece estabilidad, respiración consciente y una relación menos reactiva con lo que sentimos.

Cómo se convirtió en una práctica centrada en las posturas

El hatha yoga se desarrolló durante la época medieval y dio más importancia al cuerpo, la respiración, los sellos energéticos y las técnicas de purificación. Aun así, sus objetivos seguían siendo espirituales y meditativos. Las posturas no se concebían exactamente como una rutina de acondicionamiento físico.

La transformación decisiva tuvo lugar entre finales del siglo XIX y el siglo XX. El yoga empezó a dialogar con la gimnasia, la cultura física, la medicina, el nacionalismo indio y las corrientes espirituales occidentales. De esa mezcla surgió el yoga postural moderno, base de muchas prácticas populares en España.

Esto no significa que el yoga actual sea falso. Significa que tiene una historia propia y que no debe presentarse como una copia intacta de una tradición milenaria. Una clase de vinyasa, por ejemplo, puede inspirarse en ideas antiguas y utilizar una secuencia moderna al mismo tiempo.

El error aparece cuando se promete que una postura concreta reproduce exactamente una práctica de hace miles de años. La historia muestra algo más interesante: el yoga siempre ha cambiado, ha incorporado influencias y ha respondido a las necesidades de cada época.

Qué puede aprender una persona que empieza hoy

Conocer estos antecedentes no obliga a adoptar una religión ni a aceptar una interpretación filosófica determinada. Sí ayuda a practicar con expectativas realistas. El yoga puede mejorar la conciencia corporal, ofrecer un espacio de pausa y entrenar la atención, pero no sustituye un tratamiento médico o psicológico ni resuelve por sí solo todos los problemas de la vida.

Yo recomendaría empezar por tres preguntas sencillas. ¿Busco moverme, respirar mejor, meditar o trabajar una actitud? ¿Necesito una práctica suave o tengo alguna lesión que requiere adaptar las posturas? ¿El profesor explica también el sentido de la práctica o solo propone alcanzar formas cada vez más difíciles?

  • Para reducir el ritmo mental, combina posturas sencillas con cinco minutos de respiración tranquila.
  • Para cuidar el cuerpo, prioriza estabilidad y comodidad sobre profundidad o dificultad.
  • Durante el embarazo o el posparto, busca orientación específica y evita aplicar automáticamente una clase general.
  • Si practicas en familia, convierte la atención plena en algo breve y cotidiano, como observar tres respiraciones antes de empezar el día.
La dimensión filosófica también puede llevarse a situaciones muy concretas. El principio de ahimsa, asociado a la no violencia, invita a dejar de tratar el cuerpo con dureza. En la práctica diaria puede traducirse en descansar cuando hace falta, hablarse con menos crítica y no confundir disciplina con castigo.

Una tradición antigua que sigue transformándose

La historia del yoga no es una línea recta que va desde una postura antigua hasta la esterilla contemporánea. Es una red de prácticas y pensamientos que pasó por los Vedas, las Upaniṣads, la Gītā, el yoga clásico de Patañjali, el hatha yoga medieval y las reformulaciones modernas.

La idea más útil que me llevo de este recorrido es sencilla. El yoga no consiste solo en colocar el cuerpo, sino en aprender a relacionarnos de otra manera con la atención, la respiración, los deseos y los límites.

Una práctica actual puede ser plenamente válida si reconoce sus raíces, evita las afirmaciones exageradas y deja espacio para adaptar la tradición a la vida real. Ahí es donde el yoga conserva su fuerza, no como una pieza congelada del pasado, sino como una disciplina viva para cultivar presencia y claridad.

Preguntas frecuentes

El yoga se desarrolló gradualmente en distintas comunidades de la India, sin una fecha de nacimiento ni un fundador único. Sus raíces aparecen en la cultura védica y se hacen más claras en las Upaniṣads, entre los siglos VIII y V antes de nuestra era.

La Bhagavad Gītā describe el karma yoga, basado en actuar sin apego a los resultados; el jñāna yoga, centrado en el conocimiento; el bhakti yoga, relacionado con la devoción; y el dhyāna yoga, dedicado a la meditación y la estabilidad de la atención.

En el aṣṭāṅga yoga de Patañjali, las posturas o āsana son uno de ocho componentes. Preparan el cuerpo y la atención, junto con la ética, la respiración, la concentración, la meditación y la absorción profunda.

Entre finales del siglo XIX y el siglo XX, el yoga incorporó influencias de la gimnasia, la cultura física, la medicina, el nacionalismo indio y la espiritualidad occidental. De esa combinación surgió el yoga postural moderno, que conserva vínculos con ideas antiguas pero no es una copia intacta de ellas.
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Autor Lara Cabrera
Lara Cabrera
Soy Lara Cabrera, y mi camino en el mundo del yoga, el bienestar y la maternidad consciente suma ya 13 años de experiencia. Desde que descubrí la profunda conexión entre el cuerpo, la mente y el espíritu, me he dedicado a explorar y compartir cómo estas prácticas pueden transformar nuestras vidas, especialmente en la etapa tan especial de la maternidad. Me apasiona desgranar conceptos complejos, como los beneficios de una respiración consciente o las bases de una crianza respetuosa, para que resulten accesibles y prácticos para ti. Mi objetivo es ofrecerte información rigurosa y contrastada, presentada de forma clara y cercana, para que encuentres en vidyayoga.es un espacio de apoyo y crecimiento en tu bienestar integral.
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